El nombre de Escuela de traductores de Toledo designa en la historiografía, desde el siglo XIII los distintos procesos de traducción e interpretación de textos clásicos greco-latinos alejandrinos, que habían sido vertidos del árabe o del hebreo a la lengua latina sirviéndose del romance castellano o español como lengua intermedia, o directamente a las emergentes «lenguas vulgares», principalmente al castellano.
La conquista en 1085 de Toledo
y la tolerancia que los reyes castellanos cristianos dictaron para con
musulmanes y judíos facilitaron este comercio cultural que permitió el
renacimiento filosófico, teológico y científico primero de España
y luego de todo el occidente cristiano. Hoy, la prestigiosa y antigua
Escuela de Traductores de Toledo es uno de los institutos culturales e
investigadores de la Universidad de Castilla y la mancha tiene su sede en el antiguo Palacio del Rey Don Pedro en la toledana Plaza de Santa Isabel. En el siglo XIII la «Escuela de traductores de Toledo» vertió principalmente textos filosóficos y teológicos (Domingo Guldisalbo interpretaba y escribía en latín los comentarios de Aristóteles escritos en árabe y que el judío converso Juan Hispano le traducía al castellano, idioma en el que se entendían)


